Lecturas

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ISBN 0-14-003693-8
OCLC Number 29002043
Dewey Decimal 823
LC Classification PZ3.W58469 Vi5 PR9619.3.W5

Idioma: Inglés,
Área geográfica: Australia
Tiempo cronológico: 1920-1950
Año de publicación: 1970
Binomios: mujer-hombre; riqueza-pobreza; artes-mecenas.
Vigencia: actitudes de gente pudiente visto por los ojos de un artista con una trayectoria marcada desde su infancia. Actitudes de la clase alta y media de Australia.

La segunda obra que leo de Patrick White me ha dejado con preguntas. Una de ellas concierne el hecho de que Patrick White escribe sobre relaciones heterosexuales siendo que él fue homosexual y me pregunto si su actitud a los heterosexuales afecta de alguna manera la descripción que hace de los actos sexuales de los heterosexuales. Me deja intrigado porque las relaciones heterosexuales de la primera novela que leo de él que viene siendo al igual la novela más larga que produjo (la primera obra literaria fue su biografía) deja mucho en qué pensar y llama la atención cómo es que las parejas se tratan los unos a los otros. Como ejemplo tengan ustedes la primera verdadera relación de los sexos que ofrecen los primeros capítulos de la novela: Hurtle y Nance. Ella es una prostituta y él es un pintor con una autoestima por los suelos; ella le ofrece dinero y él su compañía. Los roces sexuales son efímeros y el rechazo y la repulsión amén de los procesos mentales para poder llevar acabo el acto sexual tiene muchas barreras de por medio, todo el acto solo logra consumirse después de pasar por una serie de impedimentos en que lo grotesco nos deja su sabor en la boca. No existe la pasión, ni la ternura ni el cortejeo que caracteriza la narrativa hispana en el trato que los sexos opuestos se dan, todo lo contrario, aquí se da lo que en inglés se les conoce en los campos de lid como el tit for tat, o sea ojo por ojo, diente por diente.

El personaje cuyo vorágine absorbe toda nuestra atención se llama Hurtle Duffield, de raíces humildes pero hecho un figura grotesca con una perspectiva agria. Su poder consiste en poder ver a la gente detrás de la fachada que presentan ante la sociedad, él y sólo él ve cómo es que la gente es realmente, en este caso, su poder se enfoca mucho en lo femenino, ve todo lo feo en los comportamientos de ellas. Las mujeres de Patrick White son interesantes en verdad. Son ricas pero quieren lo que no pueden obtener, hasta la más pobre posee una pequeña fortuna pero muere hecha pedazos como todo su discurso dentro de la narrativa del capítulo que le tocó vivir.

Hurtle es un nombre raro en la lengua inglesa y todos quieren burlarse del patrinímico y si bien dicen que los nombres dan a decir algo de las personas así es el caso de Hurtle que al pronunciarse es más bien un juego fonológico pues se pronuncia hurdle, que significa, impedimento. Recibió el nombre por equivocación ortográfica. Así que al levantar el acta de nacimiento un nombre que debió ser un honor al único pariente con alguna migaja de clase social terminó siendo deletreado mal.

Él es un personaje excéntrico. Lo trascendente de Hurtle es la soledad que no lo deja en paz. Nunca parece lograr lo que el psicólogo de las necesidades humanas, Maslow, llama como realización personal. Siempre tiene angustias algo que tiende a marcar los comportamientos del mundo protestante, nunca está satisfecho y a pesar del éxito que tiene hay algo que no le llena la vida. Su infancia está marcada para siempre porque fue comprado por una familia rica y terminó siendo un miembro de una famila rica y su pasado lo hace consciente de que no pertenece a la familia por vías biológicas sino por vías monetarias, un aspecto de su vida que lo persigue el resto de su vida y desgraciadamente todo lo que hace como artista está marcado por esta esclavitud monetaria a gente acomodada que parece que rescata no solo la vida del artista sino su obra artística también.

Me gusta el lenguaje que Patrick White utiliza con los personajes que pinta, es uno que se asocia con la clase baja de habla inglesa y uno cabe bien en preguntarse que tanto ha influido Inglaterra en el lenguaje de las clases bajas de Australia, uno reconoce los mismos fenómenos lingüísticos que los ingleses de clase baja suelen cometer al hablar pero lo interesante es que estos fenómenos ocurren en Australia. Y venga que Patrick no depara en darnos la versión fonética y fonológica de las palabras al escribir, así que esto no es lectura para principiantes de inglés, se perderían sin un previo conocimiento de los fenómenos lingüísticos que ocurren en los estratos sociales de una comunidad lingüísitica.

Otra de las características que me ha impresionado sobre la novela, the Vivisector, es que la tecnología luce por su ausencia. Aquí solo tenemos las contricadas y complicadas redes y telarañas de las emociones entre los seres humanos o de los seres humanos. Se deja ver el impacto de la electricidad, la mención pasajera de un teléfono o cómo es que un automóvil hace su presencia pero hasta ahí.

Una de las ausencias en la literatura de Patrick White es que no menciona a los aborígenes de Australia con profundidad, no es que sea necesario pero me parece que en estos días postcoloniales, eso le costará más adelante a White. Es todo un eurocentric. Se siente orgulloso de su pasado y no se apena por lo que dice, quizá necesitemos gente así.

Nazismo

Nunca he comprendido la obsesión europea por la cuestión judía. Reviendo la película Schindler’s List dos que tres revelaciones se manifiestan como verdades absolutas que insisten en rehusar aceptar un no como la verdad. Veo la película en mi casa recien adquirida, la casa de viejos noruegos en mi rincón de Suecia. Para aquellos que no conocen o están enterados del atroz lustro entre 1940 y 1945 en Noruega, habrá de enfatizar el fenómeno Quisling. Y estos dos fenómenos se encuentran entrecruzados en la línea del tiempo que habito. Y lo único que coincide es el Yo, el piso que habito, las circunstancias de un espectáculo televisivo y las miles de especulaciones que tercas quieren hacer un Indy 500 de mis pocas células que trazan mi encéfalo que rehuyen el asfalto imprevisto en el que se encuentran.

La pregunta que nace es la siguiente: cómo es posible que los judíos hayan sido no ya exterminados sino que los judíos hayan aceptado las circunstancias que predominaban en ese entonces apoderarse de toda una raza.

Muchas veces nos quieren hacer ver el mal de los nazis y eso es muy cierto, ellos hicieron el mal pero muy pocas veces se nos hace ver que los judíos, muchos de ellos, como en la película, ignoraron sus entornos. A qué se debió no se sabe o más bien no sé. Bien pudieron muchos, como la película muestra, hacer algo para impedir el voraz apetito carnal que Hitler indujo en la imaginación del ente Europeo pero no, muchos judíos optaron por, según la película, dejarse llevar por los tiempos, el poder, las olas, ondas maléficas que cundían libres.

Uno se pregunta si el anarquismo y la nula profesión cristiana de no aceptar gobiernos hubiesen significado algo y las posibilidades de si hubiesen tenido mayor circulación en ese lustro del mal ence-fálo lo que pudiese haber sucedido crece expocionalmente, pero no, no pasó así, fue lo que es y eso no tiene más infinitivo que la verdad que el presente nos ofrece.

Me doy cuenta de que padezco de una especie de atrofia en lo que concierne mi labor en la escritura. Es normal. Algunos padecen de writer’s block; yo de atrofia imaginaria. Le hecho la culpa a que nada sucede en mis entornos. O sea que aquí, que es mi rincón nórdico no pasa ni lo más mínimo de la nada. Es la norma más que la excepción de que no pase nada. He escuchado a William Brurroughs al respecto de que uno no debe de cerrarle el paso al estimulo que uno recibe del exterior. Me parece que Burroughs nunca vivió en Suecia. Aquí, en Suecia, en Småland, no pasa nada. Mi vida está anclada a una rutina cuyo mayor desenlace es decidir qué camino tomar y atreverme a tomar una ruta nunca antes tomada. Algo tendrá que pasar se pregunta uno, pero no, no pasa nada. Vivir en el campo es la muerte de un buen escritor. No que me considere un buen escritor sino que es la muerte de cualquier escritor. Y ni qué hacerle, solo queda escarbar. Y escarbo el pasado, le extraigo al presente las pocas gotas que la nieve derrite o que las neblinas dejan detrás de si o miro al futuro y nada, no hay nada. Mi imaginación me engaña, por supuesto, habrá algo sumamente estupendo al torcer la esquina, pero como esos momentos en las peliculas que la esquina se alarga y se alarga más cuanto más uno se acerca, así, mi clímax.

Son estos días que un buen remojón de Weiss sería estupendo, aquel escritor sueco que produjo una de las mejores obras teatrales jamás vista o que más haya impactado mi vida: Die Verfolgung und Ermordung Jean Paul Marats dargestellt durch die Schauspielgruppe des Hospizes zu Charenton unter Anleitung des Herrn de Sade (The Persecution and Assassination of Jean-Paul Marat as Performed by the Inmates of the Asylum of Charenton under the Direction of the Marquis de Sade)

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Quiero un cambio en mi vida. O varios si es posible. Por lo general estos días la presión por leer libros me trae a mecate corto, pero no entiendo el todo del porqué. Leo prácticamente todo el día. No soy de los que se ponen a mirar la televisión, para eso tengo la internet que me proporciona todo tipo de lectura y entretenimiento. Pero es lectura efímera, pasajera, que no alimenta el espíritu. Me informo mucho pero no tanto o quizá más que otros. Lo que he hecho de reciente para acá es escuchar audios, muchos audios, esos me entretienen cuando hago mis caminatas de una hora o más. Las últimas semanas he tenido la oportunidad de escuchar varias lecturas interesantes. China and the Chinese by Herbert Allen Giles es una de ellas. El narrador es una persona con un rico acento inglés que da indicios de buena educación y que hace de las lecturas un paseo placentero al siglo pasado. Aparte, la información es muy detallada. Describe con sumo detalle la historia de China y las normas y vigencias de ese país antes de que terminará en las garras de los hoy comunistas. Se aprende mucho.

También de reciente he querido escuchar lecturas de liderazgo, no sé porqué estoy interesado en ello, de hecho, disto mucho de querer ser líder de algo pero me he dado cuenta que debo de por lo menos hacerme líder de mi mismo. Bueno, quizá se deba a mi profesión, un profesor es una especie de líder y pues he ahí la oculta verdad. He bajado varios del sitio de internet http://www.learnoutloud.com. Extraordinary Leadership by Robin Sharma es uno de ellos, es muy interesante. Habla muy bien y uno queda con la idea de orale, sí se puede, o sí puedo. Este tipo de desarrollo personal es una parte de mi vida que había descuidado, sé de antemano de dónde proviene esta necesidad, de mi americanismo.

Por igual he estado viendo conferencias mediante MIT World quien produce gratis estas viñetas para los internautas como yo. He disfrutado mucho de las conferencias que a mí interesan, como lo es la educación, idiomas y conferencias sobre liderazgo. La verdad ya me hacía falta algo así, como que extraño de más mis días universitarios en la Universidad de Estocolmo y estas conferencias son unos ricos vasos de conocimiento que colman esa sed. Hay cualquier cantidad de sitios por la red que ofrecen conferencias sobre los temas más variados que puedan existir. Lamentablemente estos sitios solo se dan en inglés. Aquí esta World Lecture Hall el cual brinda este servicio de localizar cursos totalmente gratis. El que más me ha gustado es TED, son conferencias totalmente al punto y usualmente los conferenciantes se limitan a 18 minutos. La gente que se para a platicar allí es de talla y tienen muy buenos puntos de vista.

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Leo a Gloria Anzaldúa.

Entró a mi conciencia mediante la red. Me pareció un chiste todo el rollo de un altar en la red; pensé: tsst.

Miré su descenso, deceso en la internet. Las letras me llegaban, una a una. Las lamentaciones no se hacían esperar. En ese entonces escribía más en inglés, allí tenía una pequeña comunidad de amigos que ahora están desvalagados, cada quien pegó requinto pa’ su rancho. ¿Quién es Gloria Anzaldúa? Una chicana más pensé. Relegada a esa área de nuestra conciencia dedicada al arrumbo.

Ahora la leo. Leo sus teorías. Y entiendo y no entiendo. Comprendo exactamente y no quiero comprender.

Resisto. Estoy más allá de la retorica azteca/hispana que nos inculcaron a los tijuanenses de los 60’s, 70’s, 80’s. No creo más en una teoría centralista. Y es que Gloria centra su teoría en una visión azteca/hispana ajena a mí. La mayor parte anyways. Para ella, el eje de partida es lo Anglo. Ella se despoja de la piel anglosajona cuyo tejido le impide verse a sí misma como tal y cual es. Usa sus identidades reprimidas por lo Anglo para encontrarse así misma.

Perdón, aquí no se trata de ofender, sino de comprender la resistencia que corre por las venas de uno; uno como mexicano tiene que comprender su existencia en base de ello. Yo soy bajacaliforniano. Nací en Tijuana. Para colmo de males, soy hijo de mis entornos. Mi familia fragmentada no deja para más. Mi madre fue hija de una señora de la vida, después adoptada por una de negocios. Mi madre llevó su herencia en la sangre, le gustaba la vida. Yo, aparte, nunca supe ni quién fue mi padre, mucho menos saber el nombre de mi abuela materna biológica y pues, el fragmentario de mi historia es así. De hecho mi abuelo es un decir, dicen que fue un gringo que trabajó en los corrales del Hipódromo, así que ya verán.

Al paso de los años, mi único enlace con mi zona geográfica es la lengua. Es la lengua la que me da un dejo de pertenencia. Pertenezco a la Baja California. Y es de ahí dónde busco mi existencia. Quizá algún día venga alguien y me diga, no, tú eres así o no eres de aquí, pero mientras sean peras o manzanas vivo de los mitos o las leyendas de mi terreno, de los que mi familia me dio. Esas historias que alimentan el ego, la identidad, the carrot that feeds wanting to believe. Yo no soy azteca, ni soy español. Soy de baja california y hablo español, sí, pero también hablo inglés y dentro de ese dominio hay múltiples voces que claman todos un pedazo de mí, la mayoría, he descubierto a través de los años, que son de Sonora, otros aztequismos y otras unidades léxicas claman un español arcaico que me remonta a la Conquista.

Y así, veo, como Gloria Anzaldúa intenta explicar su existencia en New Mestiza. Conveniente, para ella, que tiene una familia a la que le puede seguir el hilo de la historia, pero los fragmentados como yo si apenas alcanzamos a vernos en un pedazo del espejo destrozado.

*** highlights of the february sky

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Este día ha sido uno lleno de múltiples historias y mucha media. Si el día funcionara como catalizador del hoy, válgame, que buen catalizador es. Ha sido un día lleno de lectura, de viajes consuetudinarios, de escuchar mi país, o el DF, desde acá, Suecia.

Las primeras reacciones son que necesito más alcohol para poder escribir todas las posibles reacciones que me han asaltado desde que me percaté que algo no cuaja, esa es la historia de mi vida, algo no cuaja, algo está mal. Y así culminó mi día.

Desde ayer me cargo el DF en mi vida nórdica. Un chico que visitó el país por cuestiones de un estipendio que le condujo a estas tierras escandinavas y a mis cercanías a los altiplanicies suecos alcanzó a rozar mis entornos por azares de mi escuela en donde enseño idiomas. Me dijo un amigo del trabajo, un hombre de sindicato, que había un chico que quería masticar el mexica. El sindicalista me invitó a ser parte de un ámbito social que sé repercutirá más de lo que me imagino en mi vida pero eso es socializar en Suecia. Accedí, con eso de que ando muy social estos días, pues órale, habrá que agarrar el toro por los cuernos. Y heme en una situación inesperada, entre las cortesías suecas y un mexicano enfrente de mí. Ni cómo hacerle. Arrinconado como me sentí me reduje a la posición prenatal y me acurruqué como cualquier humanoide lo haría ante tales circunstancias. No platicamos mucho ya que la platica se vio reducida al sueco. Cosa rara ya que una de las características de un buen bilingüe siempre ha sido distinguir entre la plebe de uno y los demás. Impuse las reglas del bilingüismo a mi amistad mexicana sin que éste pudiere digerir exactamente lo que pasaba. Le pedí que solo hablaremos sueco por cortesía a los anfitriones. Me acusó de ser español, mi español le pareció un tanto gachupín, ok, pensé, le dije, medio espeté entre las vocales al respirar mi respuesta amable, mi español está corrompido por los años. Y sí, reconozco que una de las primeras victimas de mi español norteño de Baja California es el acento. La primera victima que ha sufrido alteraciones sin límite. Es una ironía, para ser francos. Yo, quien ufana rechazo a la lengua estúpida del Manco de Lepanto suena como lo haría un buen Peninsular. Válgame. Algo me habrá sabido el perro. Lo bueno es que tengo planeado para el futuro cercano irme a vivir todo un año a mi adorada baja sólo para revitalizar y recuperar mis idiomas adorados y queridos.

En fin, decía, el día. Escuché por buena parte de la tarde a estaciones de medios electrónicos del DF por medio de la red. Hay bastantes y la principal suministradora de vínculos fue/es Squid TV. Is nice diría uno de mis estudiantes que tiene la facilidad vocal de imitar a Borat. Pero OMG qué decepción son las estaciones. No hay ni cómo empezar a comprender las decisiones editoriales para aceptar el tipo de basura que escupen por las bocinas que transmiten tal cochumbre. Porque eso es. Para empezar se escucha a leguas que aún se ven hipnotizados por la insistencia de los grupos gachupines de querer echarnos línea sobre cultura. La cultura está practicamente occidentalizada, ni una pizca de lo de uno, o sea de lo mexicano, ni en las babas que les escurre a los locutores que se prestan a tal barbarie cultural. No sé porque los nuestros rebajan su intelecto a algunos cuantos pesos devaluados, habrá que tener más principios para poder sostener el valor de lo nuestro, pero al igual que nuestra moneda, nuestros principios fluctúan a banda ancha y, peor, sin alguna reserva que valoré lo que verdaderamente vale, o sea, lo mexicano, la cultura de nuestro pasado que, como el peso actual, está devaluado. Y todo gracias a uno.

Escuchaba William Burroughs esta tarde. Aquí están los links para los que disgusten de escuchar a autores anglosajones parlar la lengua del buen Bardo Anglo. Caminaba por el bosque local. Escuché. Qué divertido. Escuchar a Burroughs por estos días es un bálsamo revitalizador. Despues escuché y vi por medio de la red a Ricardo Raphael de Proyecto 40 Clave. Tenía como huesped a José Iturriaga De La Fuente. Como el ocio no deja otra que caer en esa tramposa tentación de comparar las cosas, pensé, cosa medio peligrosa porque uno siempre termina insultando a alguien en este tipo de ejercicios. Y esto no es la excepción, creo, pero empecemos inocentemente aunque las agruras me ganen porque el mayor despecho recaerá sobre el mexicano. Y es que no es secreto a voces bajas que mi rechazo a la clase media mexicana es total, o sea, pienso muy poco de ese tipo de personas que se regodean o se codean con las altas esferas del poder siempre y cuando la mayoría de los mexicanos sufren atrocidades tanto físicas como espirituales solo para que ellos y ellas puedan disfrutar a costas de la esclavitud que es la pobreza mexicana el estilo de vida que ellos y ellas han sostenido por muchos años ya.

Y es que nos falta mucho para llegar a tener un escritor de la talla de Burroughs. Y eso es decir mucho. Burroughs es un producto de una generación Protestante, medioclasera y una sociedad que supo alimentar esperanzas de las que uno desearía para la gente mexicana. En contraparte, Iturriaga pertenece a esa clase de mexicanos medioclaseros que alimenta una especie de gente que jamás comprenderá lo que es vivir. Mientrás que Wiliam Burroughs es un escritor vicioso que le imprta la conciencia del ser humano, a Iturriaga solo le importa romantizar hechos y dárselas de sabelotodo. No sé porque a los escritores mexicanos les encanta demostrar todo lo que saben, se quieren hacer pasar por una enciclopedia y utilizan este método para contrarrestar cualquier discusión. Se me afigura como que el próposito del ejercicio es demostrar a ver quién sabe más y algunos incluso, bajo esa peste que le llaman aura de sabiduría, les da por dar golpes bajos queriendo demostrar un intelecto que sólo tienen a superficie, o sea, todo forma y nada de fondo.

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Hay veces que el compás se pierde y la brújula ni hablar, guanga, colgando sin dirección alguna especifica más el que el de la suerte o peso o dirección aleatoria brindaba, diferentes polos magnéticos, diferentes continentes y las vibraciones del suelo californiano que tanto surco logró labrar durante años en mi conciencia dormida, perdió el imán, el imán que todo lo guiaba. Volaba como gaviota sin norte y en caída libre pero volando al fin, seguía un camino sin entender el porqué de él. Pero por fin me llegó un barrunto de los buenos, bueno no sé si sea un barrunto, pero algo es, algo que tenía gestionándose en mi inconsciente de antaño ya y que hoy decidió dar luz al instinto ese que tengo de retumbar las teclas al menor gesto de una inspiración. Un corcho, una aguja magnetizada, algo.

Y hoy se asoma una pequeña sensación que se ostenta como una verdad que reconozco al instante, empecé a leer libros porque los libros me enseñaron un portal donde mis sentimientos podían desarrollarse sin el temor que la verdadera vida posee como el látigo infernal que lo puede ser al descubrir desafío al orden. Y es que siempre he sido rebelde de corazón, pero se me olvidó serlo, tengo mucho que no lo soy y ahora leyendo unos blogs, me pregunto: ¿por qué los artistas mexicanos que leo ya no confrontan las normas de la sociedad? ¿por qué hay pasividad en la creación del arte? ¿por qué se sujetan a normas sociales para no enfadar? ¿por qué confunden la estética con una lamentación de lo que pudiera ser en vez de demandar lo que debe de ser? por qué muchos escritores no se preocupan en despertar al lector del letargo que le embarga? Si el propósito es sumergir al psyche mexicano lo más hondo posible, bien hecho; si es de profundizar aún más el sentimiento de retraer el alma a un escondite donde no exista cabida para el vuelo, bien hecho. Porque para eso no sirve ni la lectura con la que yo crecí ni los autores que solía leer con mucho entusiasmo y que le daban rienda suelta a mi imaginación.

Y recuerdo, recuerdo que mi entusiasmo por leer libros o más bien me gustaría creer que así es, porque la cercioridad está lejos de acotar de manera fidedigna los apuntes de este horizonte incierto, y solo logro presentar mi entusiasmo por está idea como fiel evidencia de que esto es lo certero: recuerdo que empecé a leer porque el campo de batalla estaba abierto, la guerra se dio en las letras que impulsaban esperanza, una verdadera victoria. Los libros que me inducieron a leer desafiaban el poder de todo aquello injusto, y eso alentó a mi imaginario, alentó a que siguiera leyendo, esa lucha, lucha justa hoy tiene un Mexican Standoff.

Pero que insensatez, ¿quién recuerda por qué empezó a leer por gusto? Yo quiero hacerme la ilusión que así es y tengo que confiar en mis barruntitos, así sea.

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