throw a monkey wrench

In loving memory of Isaac Asimov and his Mule.

De los mecanismos de la política mexicana poco se discute sobre el poder de transformar que tiene el estado mexicano para disuadir a los disidentes de sus labores o esfuerzos para poder lograr una transformación a fondo para el bien del país. No es un secreto que el PRI es un maestro con doctorado en materia de hacer convencer a la gente mediante varios métodos materialistas. Si ponemos unos ojos oculares sobre la pirámide de Maslow veremos muy bien en qué parte de la pirámide se encuentran gran parte de los aspirantes a clase media entre los mexicanos: estamos o lejos o cercas de la auto realización y ya bien en ese estado estamos inoculados para poder pensar más allá del bienestar de uno.

Por eso no creo en el 2010 ya. O más bien creo en una revolución de conciencias y alguien por ahí sabe muy bien el escenario en puerta. Bien sabrá Dios que bastante le han picado con rehiletes para sacar adelante el México Bronco pero no hay las cabezas suficientes como para conmover a la nación federal. Creo que alguien le pondrá fin al uso de sobornar las mentes mexicanas con bienes materiales para seguir explotando la pobreza. No, esto no es una alegoría al Matrix en donde la pobreza sostiene toda una hilera de ilusiones guajiras sino que simplemente tendrá que haber por ahí un mexicano que levante la voz y diga, bueno, esto no da para más.

No nos conviene estar a la merced de la pobreza, salir adelante, querer transformar y quedarnos frustrados porque el cambio solo pudo llevarse acabo una persona a la vez. El estado mexicano no es tonto, sabe que sale más barato sostener una clase medio inteligente y adoctrinada a obedecer a la mano que le da de comer, porque ese es otro de esos trucos del estado, hacer intelectuales totalmente dependientes a la limosna del estado, que educar toda una nación que le quite privilegios espectaculares a la oligarquía mexicana. Y no es que Juanito sea un intelectual pero es un ejemplo de que lo no hace mucho puso en marcha todo el estado para llevar acabo la monstruosidad de sus engranajes aceitados, pero les falló, o eso nos han hecho suponer. Juanito es un claro ejemplo de la transformación en acción presente y fresca en el pasado para poder examinar sus detalles más íntimos.

Simplemente hay que dejar de mamar de la chichi del estado. Al estado mexicano le conviene el status quo porque simplemente le sale más barato así tanto como a la oligarquía mexicana y sus patrocinadores que más de las veces suele ser el Tío Sam o esos viejos vestigios de España. Esto me hace recordar esas historias de la Revolución Mexicana de mis abuelos, esas historias de que la gente se lavaba la boca con leche, esas historias de que la gente expulgaba el excremento de los caballos para buscar dientes de elote. Qué nos pasa, eso sería lo mejor preguntarnos.

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