Heriberto Yépez: Matasellos

El Matasellos 2004 Heriberto Yépez

Hay veces que la ficción y la realidad coinciden. Acá en Suecia hay un pequeño escándalo que trae a un filatelista sueco, de nombre Hans Lernestål, ahora radicado en Suiza, en jaque. La noticia en español de seguro llevaría por título Filatelista burló al Estado de 79 millones. Filatelista porque compró la estampilla más cara de Suecia, Tre Skilling, valorada en varios millones de dolares, en realidad es toda una saga la del señor pues lo titulan un apasionado, palabra rara en la boca de los suecos y una que no usan con cualquier soltura que digamos.

La novela de Yépez narra la vida de cuatro personas dedicadas a este pasatiempo. En esencia, la lectura es un poco desafiante. Requiere de mucha paciencia porque hay cantidades enormes de ejemplos donde la lectura se ve interrumpida porque por alguna razón el narrador siente la necesidad de entrometerse en la lectura, algo que académicos graciosos llaman como entretenimiento. Quizá es una técnica oscura de pedagogía para cuestionar a estudiantes que no prestan atención y así delatarlos. Da la impresión que quiere ser más Unamuno que el mismísimo Miguel de Unamuno. Es una parodia académica ya que hay infinidad de footnotes diciéndole al lector es así o es asa. La narración de los filatelistas, que consiste en denigrar al personaje que se detalla con descripciones de defectos inhumanos, se presenta con el viejo truco de la omnisciencia. Por lo regular la lectura no es prosa, quién sabe qué es.

Mientras que se infiere a leguas que el autor sí sabe algo de filatelia, pues se describe con esa cualidad hispana de querer enseñarle a todo mundo lo que sabe, se nota que descuidó mucho el labor que más importancia debería de tener una lectura como la que se nos presenta en este opúsculo, o sea, si va a hablar de viejos, como él llama a sus personajes, por lo mínimo debería de haber estudiado un poco de gerontología pero la geriatría luce por su ausencia, de hecho, hay un tono despectivo por toda la lectura por la vejez, lo mal hecho, un hedor a fascismo inescapable. Hasta me sorprendió que Yépez no supiera un poco más del mercado en que se desarrolla, pues son justos los viejos quienes más compran libros en México y traiciona así la primera regla de la idealización, el viejo no quiere leer sobre lo feo que está, quiere leer sobre lo grande que puede ser.

Por otro lado, la lectura tampoco da mucho para pensar más allá de la estructura visual del libro, no deja que el lector formule sus propias conclusiones porque el narrador siempre esta instruyendo al lector que esto u aquello es así. Quizá es por eso que se le compara con Stevenson y Dickens, dos de los viejos realistas de la cosmovisión inglesa, esos mismos que fueron acusados por los escritores del Modernismo por no detallar el stream del consciousness.

Esperemos que su nuevo libro brinde más ya que este mientras sí es un experimento no sacude la conciencia para nada, ni para despertarlo del sopor que pueda ocasionarle al lector no instruido en las estructuras de las letras hispánicas.