La verdad sea dicha estoy feliz de no estar en Aztlán, la verdad, sufrí mucho bajo el regimen de Pete Wilson, las persecusiones psicologicas no se hicieron esperar en aquel entonces. Me imagino vivir allí hoy insoportable, bajo la tensión en que se encuentra el mundo de los gabacho en este momento. La comunidad Chicana de San Diego sé se opone a la guerra, pues son los nuestros los que son carne de cañon, Dios los Libre! de todo mal.

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